¡Cariño, he escondido a los perros!

En muchas ocasiones trabajo con perros cuyos dueños los encierran por norma antes de la llegada de una visita a casa. Si viven en una finca, normalmente en un canil, y si residen en un piso, en una habitación de la casa. Es una costumbre tan arraigada que muchos dueños ya no recuerdan si empezaron a encerrar al perro porque era molesto con las visitas o si el can empezó a ser molesto con ellas desde que comenzaron a encerrarlo. El resultado es el mismo: ese perro no sabe actuar cuando llegan desconocidos a casa.

En mi opinión, encerrar al perro cada vez que tenemos una visita puede ser una muy mala elección. Cuando me encuentro ante un caso así y pregunto qué tal se comporta el can con las visitas la respuesta suele ser “mal”. A veces me cuentan que empezaron a cerrarlo cuando se hizo grande, para que no molestase.

Evidentemente, no es siempre malo cerrar a nuestro perro: debemos acostumbrarlo paulatinamente a que pueda estar solo en alguna estancia, dependencia o canil. Pero sí que es malo encerrarlo siempre que tenemos una visita, sobre todo si no le ofrecemos en otras ocasiones la oportunidad de conocer gente nueva (tanto en casa como en otros lugares).

Para evitar que el perro moleste a quienes vienen a vernos a casa debemos trabajar con él desde que es un cachorro. Así evitaremos que al crecer se les tire encima o los intimide. Si hemos adoptado a un perro adulto debemos trabajar con él también de manera gradual, aunque al principio no se muestre cómodo con los desconocidos.

Evidentemente, hay casos en los que, por necesidad, el perro debe estar separado en una habitación, por eso es importante acostumbrarlo a esta situación. Nos será útil en multitud de momentos: viajand0 (tanto en transporte público como en nuestro propio coche); si hacemos obras en casa (de manera que pueda estar en un lugar seguro); cuando necesite recuperarse de una cirugía en casa (si es necesario separarlo de otro perro, por ejemplo); estar hospitalizado; al llevarlo a una residencia canina… Y sí, también puede que sea necesario encerrarlo si tiene problemas con algún invitado concreto (una visita que tenga pánico a los perros o un perro que tenga miedo/problemas con la persona que visite tu casa, por el motivo que sea) o con un amigo que venga a casa con su perro (para evitar enfrentamientos si es posible que surjan).

Pero, como norma general, no es aconsejable que cada vez que llamen al timbre de casa encerremos a nuestro perro. ¿Imagináis a qué asociará tarde o temprano las visitas? Tengamos cabeza y enseñémosle a recibir educadamente a los invitados, y, cuando por los motivos que he explicado, debamos encerrarlo, hagámoslo, pero nunca por norma.

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¡Mi gato lo rasca todo!

Lo que a ti te puede resultar un comportamiento muy molesto, el rascado con uñas o scratching de tu gato, tiene, entre otras funciones, la de marcar el territorio (de manera visual y olfativa) y la del mantenimiento de las propias uñas. A pesar de que en muchos hogares estos rascados son motivo de queja, es una actividad normal y necesaria para todo gato, por lo que os desaconsejo totalmente reprenderle por ella. Evidentemente, todos queremos tener la casa en buen estado y no todos nuestros muebles llenos de zarpazos, así que os voy a explicar algunas claves de este comportamiento para que podamos invitar a nuestro gato a que rasque donde nos cause menos trastornos que en nuestro sofá favorito.

Las zonas que elige un gato para sus rascados suelen ser áreas importantes de la casa, espacios donde pasan mucho tiempo o duermen. También prefieren rascar sus uñas sobre plataformas estables (que no se muevan o sin posibilidad de que se le caigan encima), y en sitios prominentes y lo suficientemente altos para poder estirarse mientras lo hacen. Sí, lo sé: la esquina del sofá parece diseñada expresamente para este cometido.

Tengamos en cuenta además que cada gato es un mundo, lo que marca en cada casa su elección de las zonas de rascado: pueden influir el tipo de tejido, la orientación de las fibras (en general prefieren rascar en el sentido de las mismas), si la superficie es horizontal o vertical… ¿Mi consejo? Leamos a nuestro gato: que nos diga claramente qué prefiere y dónde para poder ofrecérselo como una alternativa más atractiva que nuestros muebles. El uso de feromonas sería parte del tratamiento en caso de tener el problema en casa, pero debemos usarlas también como prevención.

¿Nuevo gato en casa?

Pocos animales como el gato viven tan marcados por leyendas, tabús y falsas creencias. Entre ellas, que es un animal al que no le gusta la compañía. Los gatos pueden y normalmente disfrutan viviendo en grupo, con personas y otros gatos. Pero no siempre es así, y esto depende de muchos factores: a veces se debe sus experiencias previas, en ocasiones al alimento disponible y desde luego también influye la genética. Pero si tenéis un solo gato y queréis adoptar otro, seguir una serie básica de normas es importante para que la convivencia sea buena, y en algunos casos os va a sorprender la relación tan especial que desarrollarán entre ellos.

Pero antes de introducir un nuevo gato en nuestro hogar debemos tener muy claro que no podemos hacerlo de forma brusca: tanto el viejo como el nuevo necesitan un proceso de adaptación, y respetar sus tempos definirá en gran parte la relación que establezcan entre ellos.

Si se llevan bien, tener más de un gato es positivo y puede reducir la posibilidad de que aparezcan algunos problemas de conducta, pero el tener dos individuos también puede crear algún problema entre ellos. Lo ideal sería adoptar directamente dos hermanos de la misma camada, ya que nos ahorramos la necesidad de presentarlos, como debemos hacer si optamos por incorporar a otro gato cuando el primero en llegar ya es adulto. Otra opción es adoptar dos gatos adultos que ya se conozcan y convivan en una protectora, casa de acogida…

Si ya tenemos un gato y nos decidimos a traer otro a casa, cuando llegue el nuevo compañero no deben presentarse directamente. Lo primero que debemos hacer es preparar una habitación para el nuevo gato, en la que el otro no pueda entrar. En ella colocaremos comida, agua, rascador, bandeja de arena, cama o transportín. El objetivo inicial es que cada gato se habitúe al olor del otro a través de la puerta, sin tener malas experiencias, ya que si esto sucede nos costará más que puedan convivir.

El siguiente paso es intercambiar los territorios, evitando que los dos gatos tengan contacto, ni siquiera visual: dejaremos acceder al gato nuevo a todos los rincones de la casa y dejaremos al de casa en la habitación del recién llegado. Más adelante empezaremos a crear contacto visual. Lo ideal es separar la habitación del gato nuevo del resto con una reja: les permitirá verse y olerse, pero no lesionarse. En esos momentos de contacto visual y olfativo debemos aprovechar para ofrecerles algo rico para comer, buscando que asocien al otro gato a algo bueno.

Cuando notemos que al verse y olerse los dos gatos están tranquilos ha llegado el momento de empezar a soltarlos juntos por la casa, siempre de manera gradual e intentando que no se presten mucha atención y que ninguno agobie al otro. Podemos jugar con una caña, por ejemplo, para mantenerlos entretenidos. El uso de feromonas también nos ayudará en este delicado proceso de adaptación.

Sin embargo, no siempre estos pasos van a ser suficientes. Si notamos que el proceso de adaptación es lento y/o complicado debemos incorporar más pasos intermedios para favorecer el intercambio de olores y evitar que un gato agobie al otro (si es mucho más activo, por ejemplo).

Si la situación se os escapa de las manos debéis contactar con un veterinario especializado en comportamiento para que os guíe en el proceso. Podéis contactar conmigo o pedirme consejo para que os ayude a encontrar a un especialista en la ciudad en la que vivís.

¡Arrancamos!

Habréis escuchado muchas veces eso de que antes de educar a un perro hay que educar a su humano. La parte más complicada del trabajo de una veterinaria especializada en comportamiento es precisamente hacer entender a los humanos que no todo lo que hacen es adecuado para su perro, por mucho que lo quieran. Nos pasa lo mismo con los gatos, a los que muchas veces ni siquiera intentamos entender.

En este blog iré compartiendo con vosotros experiencias, consejos, aventuras y hasta fotos de mis vacaciones con mis perras o de sus paseos con sus colegas. Será un espacio donde vamos a convivir todos, donde estaré encantada de recibir vuestras sugerencias, vuestras dudas o donde podréis contactar conmigo si queréis contar con un profesional que os ayude a mejorar la relación con vuestro perro o vuestro gato. Si yo no puedo hacerme cargo de vuestro caso, os recomendaré a alguien que pueda hacerlo.

¡Arrancamos!

La llegada del cachorro a casa

10966886_10152773554507858_1439876595_nEl día que llega a casa el cachorro nos morimos de amor. Si llora, nos derretimos. Aunque no queremos que se suba al sofá, pensamos “bueno, solo hoy, que está nervioso”. Si en vez de un cachorro adoptamos a un perro adulto la reacción es casi la misma, a veces hasta más fuerte: pensamos lo dura que habrá sido su vida anterior y sentimos incluso más ternura hacia él. Es estupendo que sintamos esa ternura… pero no que nos impida valorar lo que es mejor para el perro. Y lo mejor para un perro es que trabajemos con él desde antes incluso de que llegue a casa.

Todos habréis escuchado eso de “los cachorros no aprenden nada hasta que tienen X meses”. Esto no es cierto: no solo no debemos esperar a trabajar con él hasta que cumpla esos supuestos X meses si no que ya desde antes de su llegada, y desde luego cuando llegue, debemos empezar a trabajar.  Para empezar, debemos informarnos sobre qué perro elegir según nuestro estilo de vida, tipo de casa, otros animales que tengamos… Una vez decidido qué perro vamos a incorporar a nuestra familia, debemos preparar el sitio donde va a estar cuando no estemos con él y organizar su llegada para que coincida con días en que tengamos tiempo para dedicarle.

El proceso de adaptación de un perro al llegar a nuestro hogar puede ser sencillísimo… o no. Va a depender de muchísimos factores, así que cuanto más controlada tengamos la situación, mejor. Por ejemplo, es esencial saber qué hacer ante cosas tan básicas y frecuentes como los pises, los destrozos… Si es un cachorro es imprescindible, pero algo tan elemental no es tenido en cuenta por muchos dueños, y debido a estos problemas muchos perros pasan, por ejemplo, a ser relegados al jardín (en caso de disponer de este), donde lo más frecuente es que aparezcan otros problemas de conducta: menor socialización, escarbar, escaparse o ladrar a todo el que pase por allí. Si no existe el jardín… los niveles de estrés a los que se puede someter a ese perro que no aprende a hacer sus necesidades fuera de casa en el plazo que el humano considera adecuado pueden dispararse, generando otros problemas, entre ellos, incluso, la agresividad.

No queremos asustaros, más bien al revés, pero las primeras semanas de un perro en nuestro hogar son importantísimas para evitar problemas futuros. En casos extremos, una mala adaptación puede determinar que ese perro termine en una perrera o pasando toda su vida solo en un jardín…  y a veces atado para siempre.

¿Cómo debemos preparar entonces la llegada de nuestro perro a casa? Si no tenemos experiencia previa, sin duda os recomiendo buscar a un profesional que os asesore. Es mejor adelantarnos a los posibles problemas y atajar los posibles problemas de conducta. Si vives en Galicia puedes contactar conmigo escribiéndome a ritaetologia@gmail.com, y si eres de otra comunidad escríbeme igual y te ayudaré a buscar un buen educador o etólogo donde tú vivas.